miércoles, 28 de junio de 2017

DOLMEN DE SORGINETXE. MEGALITO MISTERIOSO

LUNA SOBRE EL DOLMEN DE SORGINETXE

En medio de la Llanada alavesa, destaca entre los campos de cereal, una construcción de piedra caliza que llama la atención de quien acierte a pasar por allí. 

EL DOLMEN DE SORGINETXE

Enormes losas pétreas forman el hermoso dolmen de Sorginetxe, que se agazapa al resguardo de la magnética sierra de Entzia. Es un lugar cargado de energía y de magia, de una ancestral fuerza telúrica, que también debieron de sentir los hombres prehistóricos que decidieron construirlo aquí. 

EL DOLMEN DE SORGINETXE

Para acercarnos a su ancestral misterio, tan sólo tenemos que llegar a la localidad alavesa de Opakua, justo antes de comenzar el conocido puerto del mismo nombre, y desviarnos a la aldea de Arrizala. Desde aquí seguimos las señales indicativas, que nos llevan directamente al megalito.

LA LUNA SE CUELA EN EL DOLMEN DE SORGINETXE

Los dólmenes se componen de varias losas hincadas en el suelo que sujetan otra a modo de tapa, generalmente rodea a estas losas, una colina de tierra llamada túmulo, algunos suelen  presentar una especie de pasillo pétreo, llamándose entonces “de corredor”, en el interior de la cámara se enterrarían los cuerpos de forma colectiva. Su origen se sitúa en el Calcolítico, y se dan en Europa sobre todo en su franja atlántica, aunque también aparecen en Asia o África, su nombre derivaría del bretón y significaría “mesa grande de piedra”. La vieja mitología de los vascos, atribuye su construcción a misteriosos númenes, principalmente a los jentiles, pero también los vincula a otros genios como los Mairus o sorginas.

 EL DOLMEN DE SORGINETXE VIGILA LA LLANADA

Pero centrémonos en el dolmen que hoy hemos venido a conocer, quizás sea uno de los más conocidos y bonitos de nuestra tierra, su entrada esta dirigida a levante, hacia donde nace el sol, quizás como forma de representar el nacimiento a una nueva vida. Es uno de los dólmenes mejor conservados de nuestra tierra, y data del Neolítico superior, 2.500 años a.C, aproximadamente. Se descubrió en 1831, y en sus excavaciones, aparecieron varias puntas de flecha, así como un pedúnculo de sílex y varios restos óseos. Su planta es poligonal, compuesta por 7 piedras calizas, algunas de las cuales superan los 2.5 metros de altura, una enorme losa en forma de cubierta se apoya sobre 3 de estas piedras.

LUNA SOBRE EL DOLMEN DE SORGINETXE

La vieja mitología de los vascos, explica a su forma el porqué de su ser y de su forma de construirlo, trata de explicar algo que para nuestro ancestros no tenía una explicación lógica, para ello recurría a los seres sobrenaturales. Su nombre y su leyenda hace referencia a las sorgiñas, Sorginetxe, significaría “la casa de la bruja”. Los ancestrales cuentos desgranados al calor del fuego en las frías noches invernales, cuentan que fueron las brujas quienes trasladaron las enormes piedras para la construcción del mismo, en la punta de sus ruecas en una sola noche. Otras versiones hablan de una sola sorgiña que trajo las losas desde la cueva de Lezao, en su cabeza, mientras ella hilaba. Otras leyendas vinculan su construcción a los jentiles o a las lamias, en ambos casos, se asegura que los genios portaron las piedras desde la peña de Astokolarri ubicada también en Entzia.

ATARDECE SOBRE EL DOLMEN DE SORGINETXE

Sea como sea, el dolmen de Sorginetxe continúa allí, en mitad de los campos, orgulloso, altivo, misterioso, conservando su auténtico porqué en secreto, en su secreto. Es posible que la atracción que muchos sentimos por las viejas historias de nuestra tierra, estribe precisamente ahí, en no conocer realmente su auténtico sentido, no sé, lo cierto es que Sorginetxe compartirá con quien se acerque a él su energía telúrica, que viene de lejos, de muy lejos en el tiempo.


miércoles, 22 de febrero de 2017

CARNAVAL DE ALTSASUA. TELURICA MAGIA INVERNAL

MOMOTXORROS DE ALTSASU

En el atardecer del martes de carnaval, una aterradora comitiva, toma por asalto las calles de la localidad de Altsasua, que se ubica en el valle navarro de La Burunda. Bajo la atenta mirada de las mágicas sierras de Aralar, Urbasa y Andía, extraños personajes se dedican a asustar a quien se acerque a este pequeño pueblo, sembrando el caos y el espanto por sus calles. 

SIERRAS DE ANDIA Y URBASA DESDE ARALAR

Es un carnaval terrorífico, fantasmagórico, brutal, pero que nos ofrece la posibilidad de sumergirnos, de ser participes directos, de un rito heredado de los tiempos neolíticos, en el que, probablemente, el toro sería su principal protagonista. Es una fiesta que hunde sus telúricas raíces en lo más profundo de nuestra vieja cultura, de hecho sus orígenes son totalmente desconocidos, pero sus múltiples personajes, cada pequeño detalle de sus vestimentas y gestos, sus danzas y alaridos, encierran secretos que nos trasladan a tiempos y creencias muy lejanas, a un mundo ya desaparecido. Todo ello, nos habla de rituales de fecundidad, del deseo de despertar a la naturaleza de su letargo invernal, de ritos de iniciación, de secretos que tenían una base muy profunda, que fueron concebidos con un fin concreto, un fin muy distinto al que hoy nos mueve a celebrar estas fiestas. Pero caminemos despacio, sin prisa por los carnavales de Altsasua, dejémonos embaucar por su arcaico susurro, permitamos que nos cuente sus viejas historias, seamos participes de sus telúricos misterios, la experiencia será inolvidable, te lo garantizo.

MOMOTXORRO

Este carnaval se perdió allá por la década de los años 30 del pasado siglo y posteriormente, fue recuperado por gentes como Enrike Zelaia, Saturnino Leoz o José Javier Aguirrebengoa, entre otros. En palabras del propio Enrike Zelaia, estos entusiastas, recorrieron las viejas cocinas alsasuarras, recopilando informaciones de las gentes de más edad de la localidad, el resultado fue magnifico, consiguieron que el viejo carnaval se retomara en el año 1982, con algunas novedades.

MOMOTXORRO

Los protagonistas principales del carnaval de Altsasua, y también los que primeros que llaman la atención del visitante, son los “momotxorroak”. Es este un personaje totémico de aspecto taurino, impresionante, profundamente aterrador, sobrecogedor, cuyos orígenes son desconocidos. Su nombre podría derivar del dios Momo, quien en la mitología griega representaba el sarcasmo y las burlas, pudiéndose enlazar, quizás, con el dios romano Marte. Estos personajes, se asemejan a otros que se dan en diversos carnavales de la vieja Europa, como los de Cerdeña o Bulgaria. Más cerca de casa, encontramos similitudes en carnavales rurales, que tienen lugar en diferentes puntos de la cornisa cantábrica, en Galicia por ejemplo, son llamados “zamarreros”, en Asturias “zamarrones” y “guiros” y “campaneiros” en la zona leonesa de La Maragatería, por cierto tres zonas, estas, de profundas raigambres celtas. También se encuentran en el área pirenaica, tanto en Huesca, como es el caso del personaje Carnabal,  de Torla, o los Barbacans del valle de Arán, por poner un par de ejemplos. 

MOMOTXORRO

Lo más llamativo de la vestimenta de los momotxorros, es un cesto llamado “jaiskitxo”que se colocan en la cabeza, del cual salen dos impresionantes cuernos, en la parte frontal. Sobre este cesto, colocan un “ipuruko”, que oculta el rostro tiznado del momotxorro. 

IPURUKO SOBRE EL JAISKITXO

Este ipuruko, es una pieza de cuero con tachuelas del que cuelga pelo de caballo y lanas rojas, igual a la que se colocaban en las parejas de bueyes que araban nuestras tierras de labor, en un pasado no tan lejano. En la parte trasera, cuelgan del cesto una enorme piel de oveja llamada “narrua”, y que sujetan a la cintura con un cinturón “gerriko”, de esta piel penden diversos cencerros “farasortak” 

FARASORTAK

enlazando con otros carnavales vascos como los de Ituren y Zubieta


IOALDUNES DE ZUBIETA

En el pecho una tela blanca ensangrentada, pantalones de mahón con calcetines y abarcas “zatas”, completan la indumentaria del momotxorro. En su mano un “sarde” una especie de horquilla también ensangrentada, con la que azuzaran a los espectadores. 
Los cencerros, al igual que sucede en otros carnavales rurales, tendrían la función de ahuyentar con sus sonidos a las plagas, a la peste, a las brujas, y a los malos espíritus, despertando a su vez a la naturaleza tras su periplo invernal. De esta forma el hombre prehistórico pretendía vencer un atávico temor, ya que durante muchas lunas, el sol no lucia en el cielo y si lo hacia era sin fuerza, la naturaleza, la tierra, generadora de vida y alimentos estaba dormida, por lo tanto, tenían que despertarla, para lo que ideo una serie de diferentes ritos, en los que se englobarían los viejos carnavales rurales.
Las crines de caballo, podrían tener un carácter protector y purificador, quizás sean ellas el nexo de unión, formado por etéreos hilos, con los caballos pintados en nuestras cuevas prehistóricas. Quien sabe, tan solo es una idea, pero me gusta pensar que es así, una forma sutil, tal vez, de rozar con la punta de los dedos nuestro pasado más remoto, un vínculo invisible que nos une a aquellos hombres y mujeres, antiguos antepasados nuestros. No es el único carnaval donde se utiliza pelo de caballo, los “yoaldunes” del carnaval de Ituren y Zubieta, lo llevan en sus hisopos con los que acarician el suelo intentando despertar a la naturaleza.
El sarde, podría tener parecido fin, pues con él golpean el suelo, pero también pudiera tener un sentido de fertilidad, en Galicia, por ejemplo, se utilizaban para azuzar a las mozas casaderas para asegurar así, una cuantiosa prole.

MOMOTXORRO CON EL SARDE

La sangre pudiera representar la protección de los habitantes del pueblo que el mágico ser, el tótem, realiza.
Otros personajes completan la comitiva, uno de ellos es la conocida como “ereintza”, la siembra, que se da, así mismo, en otros muchos carnavales vascos. La forman seis miembros, dos van uncidos a un yugo “golda, o arado romano”, como si fuesen animales de labranza, otro hombre se coloca delante de ellos y los va dirigiendo con una herramienta llamada “pertika”, tras de ellos otro dirige el arado y dos mas portan un caldero lleno de ceniza, que van lanzando en los supuestos surcos abiertos por el arado. 

EREINTZA

Esta parte del carnaval nos habla directamente de una intencionalidad de fertilización de los campos, la ceniza se ha utilizado desde antiguo para fertilizar y purificar los campos, lavar las ropas e incluso como antibiótico en heridas. Además, tanto el arado como la ceniza, pretenden estimular la energía del nuevo año que renace.
Los “juantranposos”, 

JUANTRANPOSO

son personajes muy antiguos y de uso igualmente en varios carnavales del ámbito rural vasco, quizás el lugar donde este personaje se ha hecho más famoso sea en la localidad navarra de Lantz, donde en su interesantísimo carnaval se le denomina como “Ziripot”, 

ZIRIPOT Y ZALDIKO EN LANTZ

sin olvidar los “Zaku-zaharrak” de Lesaka. 

ZAKU ZAHARRAK EN LESAKA

Se trata de un personaje vestido con telas de saco rellenas de “borrostoak”, las hojas que cubren las mazorcas de maíz, si bien también se puede rellenar con paja o hierba, cuyos movimientos son torpes como consecuencia de su estrafalaria vestimenta. En la cabeza porta un sombrero de paja y su cara se cubre con un paño en ocasiones decorado con puntillas. En los personajes alsasuarras, a diferencia de otros carnavales donde encontramos este personaje, llevan un alambre en espiral, colocado en la parte trasera y del que cuelga un mechón de lana de oveja. Se dice que los juantranposos eran fantasmas o criminales que habían muerto de forma violenta. Hay quien ha querido ver en esta figura la representación de la metamorfosis humana.Otros personajes se han ido añadiendo a la comitiva, como la pareja de novios que portando el arreo y que representan una boda. Las “maskaritak” que llevan sobre su cabeza unas sobrecamas fruncidas a modo de capa, cubren su cara con una puntilla, completando su disfraz un pantalón de mahón al modo bombacho y abarcas con calcetines.
No falta en el desfile el “akerra”, el macho cabrio que representa al diablo, un muchacho ataviado con pieles curtidas porta en su cabeza una enorme cornamenta de cabrón. En su cintura lleva también cencerros, y exhibe en su parte delantera unos poderosos genitales masculinos, en su mano luce una vara de madera en la que se ensarta un cráneo de macho cabrio. Se encarga de encender la hoguera en la que se celebrara el akelarre, le acompañan numerosas “sorginak” o brujas.

AKERRA

Todos estos personajes toman parte del carnaval de Altsasua, pero veamos como se desarrolla.
El martes de carnaval a la tarde los hombres y mujeres, protagonistas de la fiesta, van acercándose al polideportivo de la localidad, donde se vestirán para la ocasión y desde donde partirá la comitiva carnavalera. Cuando los momotxorros inician su ritual de preparación, comienza un espectáculo sublime, cargado de matices, despacio se van colocando cada uno de los elementos de sus vestimentas, se embadurnan con sangre animal la cara, brazos, sarde y vestimenta, la tensión, una tensión profundamente telúrica, ancestral se respira en el ambiente. 

MOMOTXORRO PREPARANDOSE

Poco a poco todos los participantes del carnaval van acercándose a la puerta metálica que cierra el patio del complejo deportivo, un cohete marca el momento álgido del inicio de la fiesta, 

A PUNTO DE SALIR

la puerta se abre y decenas de momotxorros salen en desbandada, recordando la salida de los toros en un encierro. 

MOMOTXORRO

Corren atemorizando en un caos impresionante, a quien encuentran en su camino, lanzando alaridos, haciendo sonar los cencerros y golpeando el suelo y azuzado con los sardes a los presentes. Es un momento mágico, de alguna manera estamos inmersos de lleno en un ritual prehistórico, que nos conecta directamente con nuestro ser más arcaico, con nuestro yo más ancestral.


MOMOTXORRO

En determinados lugares del recorrido, un momotxorro hace sonar un cuerno, a modo de llamada, a la que acuden todos los demás miembros de la manada. Comienza entonces la sobrecogedora “momotxorroen-dantza”, la danza de los momotxorros. Es realmente impresionante ver a todos esos seres totémicos danzando en la penumbra de la noche, al son de este baile incorporado por Enrike Zelaia. Hacen sonar sus cencerros, giran sobre si mismos, lanzan patadas al aire, amenazan al espectador o emiten gritos aterradores, la sangre, las horcas todo embulle al espectador en un momento extraordinario.

MOMOTXORROEN-DANTZA


MOMOTXORROEN-DANTZA

En un lugar concreto, el akerra enciende el fuego alrededor del que danzaran los momotxorros, mientras los Juantramposos se dedican a empujar con sus torpes movimientos, y el resto de personajes realizan sus atribuciones. El recorrido continúa hasta llegar a la plaza del pueblo, donde los momotxorros entran en estampida como los auténticos animales salvajes que representan, y allí alrededor del quiosco de música, danzaran un multitudinario “ingurutxo”.

MOMOTXORROS JUNTO AL FUEGO


Todo esto y más es el viejo carnaval de Altsasua, uno de los más interesantes de cuantos podemos encontrar en la antigua tierra de los vascos. Una gran cantidad de símbolos, de datos que nos hablan de viejos rituales de origen pagano, que se pierden en los tiempos y cuya interpretación es hoy en día imposible, pero hay siguen guardados fielmente por el subconsciente colectivo, al alcance de nuestra mano. Esto es tan solo una descripción, pero no lo dudes, amigo lector, la mejor forma de conocerlos, es estar allí, disfrutarlos, vivirlos, y en definitiva, sentirlos. 

domingo, 22 de enero de 2017

EGUZKILORE, VIEJAS TRADICIONES EN NUESTRAS MANOS

EGUZKILORE


Las viejas tradiciones de nuestro viejo pueblo, van evaporándose frente a nosotros poquito a poca, se nos escurren como el agua entre los dedos de las manos. Muchos de estos antiguos usos, se han perdido en la inmensidad de los tiempos y la vorágine de la vida actual, y otros están en vías de hacerlo, de alguna forma han perdido su razón de ser y ya no interesan. Afortunadamente, algunas de estas tradiciones han llegado hasta nosotros, aunque sea con un carácter diferente al que fueron concebidas, pero su esencia, su más profundo y ancestral sentido nos susurran sus secretos desde lo más lejano de nuestra cultura. 


LA MAGIA DE NUESTRAS MONTAÑAS

Son costumbres, usos, ritos, leyendas, que nos hablan de una forma muy concreta de ver y entender la vida, de una manera de vivir que fue fundamental para nuestros mayores.
Por suerte, hoy en día, aún podemos calzarnos las botas de la curiosidad, ponernos en la espalda la mochila del conocimiento, y caminar sin prisa, la pequeña senda de la tradición. 

VIEJO CAMINO

Tenemos la oportunidad de poder acariciar con  nuestras manos, viejos ritos que hunden sus raíces, profundas como las de los árboles de nuestros bosques, en lo más profundo de nuestra vieja tierra.
Un claro ejemplo de todo esto es una pequeña planta conocida con el nombre en euskera de eguzkilore. Se trata de la flor seca del cardo silvestre (Carlina acaulis), oriunda de Europa Central, y que puede llegar a darse en latitudes como Suecia o Noruega, e incluso en Islandia, lo que nos habla de su resistencia a climas fríos, en la Península Ibérica, la encontramos en el País Vasco, Cantabria y en el área pirenaica. Al eguzkilore, le gustan las montañas, le gusta arraigar y crecer en prados y pastizales, y su momento de floración se da entre junio y septiembre. La denominación carlina le viene de una leyenda, que nos cuenta como los ángeles enseñaron al emperador Carlomagno a utilizar la planta para combatir la peste que asolaba a su ejército.

EGUZKILORE

El eguzkilore es la representación del sol, su  nombre así nos lo indica, eguzki (sol), lore (flor), su uso, es un vestigio de un antiquísimo culto solar, que nos ha llegado desde muy lejos en el tiempo, quizás desde el neolítico. En este símbolo se mezcla el culto solar con antiguas creencias vinculadas a las plantas y a los árboles, tan importantes en las culturas antiguas. En las ancestrales creencias vascas, tanto el sol como los árboles eran tenidos por deidades, eran, por tanto, pilares básicos de las tradiciones y la mitología de nuestro pueblo. Para el calendario tradicional el año se organizaba en dos partes, dividido por los solsticios de verano e invierno, el primero cristianizado bajo la advocación de San Juan Bautista y el segundo por la Navidad. En ambas fechas se realizaban ritos en los que el uso de las plantas, el fuego y el agua eran primordiales. Las plantas adquirían un carácter protector, en el solsticio de verano, aún hoy, se siguen recogiendo determinadas hierbas que adquieren importantes cualidades preventivas en esta noche mágica de San Juan. Es costumbre, en esta misma fecha, colocar en las puertas cruces hechas con ramas de fresno, uno de los grandes árboles mágicos de las culturas antiguas, para prevenir del rayo así como se decorar las entradas con ramas de espinos, fresnos o avellanos, con igual pretensión protectora. 

CRUZ HECHA CON RAMAS

Aun hoy podemos sentir estos antiguos usos paseando por las calles de nuestras localidades en la mañana del día de San Juan y disfrutar de las calles enramadas en un hermoso guiño a nuestra tradición. 

ENRAMADA EN SAN JUAN

El espino se utilizaba además colocando ramilletes de este árbol en las lindes de las heredades, los pastores de la zona de Donibane Garazi (Saint-Jean-Pied-de-Port), ubicado en la antigua Navarra de Ultrapuertos, recogían las púas de este hermoso árbol para sus uso como preventivo.

SIMBOLOS TRADICIONALES

En lo relativo a nuestra pequeño eguzkilore, Su uso esta directamente vinculado con la protección de las casas de las brujas y malos espíritus. Cuando contemplamos un eguzkilore en los dinteles de las puertas de nuestros viejos caseríos, o en las bordas de  nuestras montañas, contemplamos un rito arcaico como el tiempo, un símbolo cargado de un ancestral sentido protector, dejemos entonces que la flor del sol nos susurre sus secretos, su porque, su razón de ser. 

EGUZKILORE Y CRUCES

Las viejas historias de nuestra mitología nos cuentan, a su modo, el motivo por el que se colocaban eguzkilores en las puertas, dicen así:

"Las brujas, que pretendían acceder al interior del hogar, debían contar cada minúsculo pelillo que tiene la flor en su centro, antes de poder entrar en la casa. Esta tarea era sumamente costosa, y el amanecer las sorprendía en plena tarea, con los primeros rayos del sol, las sorgiñas debían dejar el lugar apresuradamente y esconderse en sus antros, por lo cual no podían acceder al interior de la vivienda."


Actualmente, el eguzkilore se ha mercantilizado en pegatinas, llaveros y todo tipo de joyería, su uso ha variado enormemente, pero de alguna manera, quiero pensar que se mantiene su ancestral sentido. Cuando, aunque sea inconscientemente, sentimos el deseo de colgarnos un eguzkilore al cuello, ponerlo en nuestros coches, o simplemente colocarlo en los dinteles de los caseríos, como hicieron durante siglos nuestros mayores, estamos conectando con nuestro yo mas arcaico, mas antiguo y profundo, con nuestro ser de alguna manera, primitivo. 

SIMBOLOS ANTIGUOS

Tal vez aun guardemos en lo mas profundo de nuestro hipotálamo, la esencia de nuestras antiguas creencias, esas que quedaron lejos en el tiempo, tal vez sea una vieja conexión con la tradición, o tal vez sea sencillamente una ancestral unión con la naturaleza, al fin y al cabo, pienso que somos eso, naturaleza.

jueves, 8 de diciembre de 2016

DUNBAS DE HENDAIA. TELURICA ESENCIA ASOMADA AL ATLANTICO

LAS DUNBAS ACARICIADAS POR EL OCEANO

En un rinconcito del Océano Atlántico, justo allí donde el golfo de Bizkaia comienza a tomar rumbo decidido en dirección al magnético norte, se agazapan unas preciosas formaciones rocosas, conocidas con los nombres de “Dunba Luzie” y “Dunba Zabala”; Sanson-arriyak (piedras de Sansón); “Las Gemelas”; o "Les Deux Jumeaux". Se trata de dos peñascos que emergen del océano en el extremo oriental de la playa de Ondarraitz, en la localidad de Hendaia, en el extremo opuesto de esta playa desemboca el mágico y misterioso río Bidasoa.

PLAYA DE ONDARRAITZ

Irremediablemente el viajero que acierte a dejarse mecer por estas latitudes, sentirá la arcaica atracción de las peñas a lo lejos, su mirada las buscará incesablemente, mientras ellas se recortan en el horizonte, atractivas, pero a su vez lejanas e inalcanzables. A decir de la sabiduría popular, los peñascos marcarían el punto en el que el Pirineo se sumerge en el Atlántico. Las rocas, parecen desgajadas del cercano cabo, conocido como Punta de Santa Ana, un encantador y bucólico entrante marino tapizado por verdes praderas y protegido por soberbios acantilados. 

PUNTA DE SANTA ANA

Este cabo separa la playa hendayesa de la recóndita bahía de Loia, lugar donde se ubica el islote de Txurruta, que guarda celosamente viejas historias de corsarios y piratas, que hicieron de esta pequeña playita su refugio. 

BAHIA DE LOIA E ISLOTE DE TXURRUTA

Dejemos volar nuestra mente e imaginemos las correrías que por estos lares, debieron de protagonizar bucaneros de leyenda, como Ixtebe Pellot, Joanes de Suhigaraychipi o Michel “Le Basque”. 

ACANTILADOS

Todo ello confiere al lugar un halo de profunda magia y sutileza, un arcaico  misterio envolverá al caminante que se acerque allí con pausado caminar y el corazón y la mente abiertos.
Las antiguas leyendas de nuestra mitología nos explican, a su ancestral manera, el origen de las dunbas, que fueron colocadas aquí por un gentil. Los gentiles eran unos gigantes de la mitología vasca, que habitaba en las montañas y eran poseedores de una fuerza descomunal, a ellos se atribuye la construcción de muchos de los monumentos megalíticos que pueblan nuestra geografía, e incluso de alguna iglesia cristiana. 

LAS DUNBAS DESDE LA PUNTA DE SANTA ANA

Pues bien, en una ocasión uno de estos personajes míticos decidió destruir la catedral de Baiona, para ello, desde una montaña y ayudado de una honda se dispuso a arrojar las piedras. Pero justo en el momento del lanzamiento, el gigante resbaló con una boñiga perdiendo fuerza en el tiro, motivo por el que las rocas fueron a caer en este rinconcito de la playa de Hendaia, donde aún hoy podemos verlas. 

LAS DUNBAS DESDE LA PLAYA DE ONDARRAITZ

Otra leyenda nos cuenta que fueron arrojadas por otro gigante mitológico, concretamente Sansón, quien las lanzó desde el caserío Andrearriaga ubicado en la localidad gipuzkoana de Oiartzun, caserío en cuyas inmediaciones apareció una antigua estela, al parecer de origen romano. 

CASERIO ANDREARRIAGA

ESTELA DE ANDREARRIAGA

Hay historias que aseguran que los peñascos se tratarían del único vestigio que queda de la mítica ciudad de Baionazahar o Baiona Vieja, que fue engullida por las aguas y tragada por la tierra al no haber socorrido sus habitantes a una mendiga, esta leyenda se da con variantes en otros lugares de la geografía vasca. Cierto es que la geología nos dará una explicación totalmente distinta, pero creo, amigo lector, que la vieja leyenda es cuando menos mucho más imaginativa, nos habla de una forma muy concreta de interpretar y de entender el mundo, un mundo que se nos va escapando poco a poco, como el agua entre los dedos.
Un hermoso y breve paseo nos llevará a contemplar las dunbas desde una atalaya inmejorable, un caminar entre bosques y praderas, nos transportará a otras épocas. Antes de contemplar el fabuloso espectáculo que las dunbas nos ofrecen, desviémonos un poquito, para acercarnos hasta el fabuloso Château d´Abbadia.

CHÂTEAU D´ABBADIA

Edificado en la zona alta del cabo, se trata de un magnifico edificio neogótico inspirado en los castillos de cuento del valle francés del Loira y los palacios ingleses. Su precursor fue un personaje fundamental en nuestra historia, Antoine d´Abbadie, que vivió entre los años 1810 y 1897, oriundo de Dublín, de madre irlandesa y padre zuberotarra. El señor d´Abbadie fue un amante de la cultura vasca y del euskera, además de un intrépido viajero, interesado en muchas culturas diferentes, principalmente la oriental. 

CHÂTEAU D´ABBADIA

Pero no quedaron allí las inquietudes culturales del irlandés, cultivo así mismo la geografía y la astronomía, llegando, incluso, a colocar un observatorio astronómico en lo alto del castillo hendayés. Consiguió reflejar en este edificio todo su enorme y particular mundo, decorándolo con diferentes motivos de sus viajes, y múltiples animales fantásticos y exóticos tanto en el interior como en el exterior. 

ESCULTURA EN EL CHÂTEAU D´ABBADIA

Merece la pena visitar el castillo, sumergirse en cada detalle que nos ofrece y deleitarse con las magnificas vistas que nos regala.
Tras habernos dejado embaucar por el halo misterioso del señor d´Abbadie, dirigimos nuestros pasos hacia el insondable Atlántico que se recorta frente a nosotros profundamente atractivo y misterioso.

CHÂTEAU D´ABBADIA

Dejando que la hierba de las praderas acaricie nuestras botas llegamos hasta el borde de la punta de Santa Ana donde se ubica una rosa de los vientos encima de un bunker de la segunda guerra mundial, triste recuerdo del sinsentido de los hombres en su afán por acaparar poder. 

VISTA DESDE EL CHÂTEAU D´ABBADIA

Desde este punto, la vista de las dunbas es realmente sublime, un tanto impresionante, sobrecogedora, parece que podemos acariciar sus pétreas formas, sin embargo ellas se empeñan en mantenerse libres, lejos del alcance de los hombres, manteniendo de esta forma su telúrica magia, dejándose acariciar tan solo por las olas y el viento.


DUNBAS

Podría estar horas, sentado en este extraordinario lugar, dejando que el viento del norte acaricie mis cabellos y el salitre me traiga viejas historias de marinos y piratas, de pescadores aguerridos y caballeros apasionados, de seres mitológicos y ciudades sumergidas, de vida y belleza, mientras el sol, despacio, se va perdiendo en el horizonte recortando las formas de las dunbas sobre un óleo de tonalidades amarillas, rojas y naranjas. Cuando el sol ya se ha marchado en busca de sus profundidades, camino sin prisa, pleno de sensaciones y acompañado por la luna, dejando a las dunbas a solas consigo mismas, agradeciéndoles su individualidad, su solitaria esencia, sintiéndome afortunado por haber compartido con ellas unos momentos fugaces pero profundamente mágicos.